Hermanas mayores
- Jilary Castro
- 4 abr 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb 2023

Ser mujeres es hermoso, pero también es complejo. Últimamente pienso en el valor de reconocernos y no solo eso, de empujarnos hacia los sueños que Dios tiene para nosotras. ¿Cuál es el problema? Usualmente somos Marta (Ver Lucas 10:40) Me impresiona su pregunta:
¿No te importa que mi hermana me deje servir sola?
Las hermanas mayores siempre estamos viendo a nuestras hermanas menores con la intención de señalar aquello que están haciendo mal. Cuando hablo de hermanas mayores no me refiero a un lazo de sangre solamente; puede ser incluso en la fe.
Somos hermanas mayores cuando llevamos mucho tiempo de conocer a Jesús y hemos aprendido muchas cosas sobre como vivir el evangelio. Las hermanas mayores tendemos a ser mandonas, nos encanta el orden y por alguna razón queremos decirles a todos que hacer. Las hermanas menores suelen ser entusiastas, fantasiosas, dulces y osadas. Con una inocencia y espontaneidad que no cabe en el marco de reglas de las “MARTAS”
En esta ocasión yo soy Marta. Frustrada de ver tantos comportamientos “inmaduros” en hermanas menores. Hace mas de dos meses recuerdo orar y decir: Dios es porqué no hace las cosas bien, esto no es tan complejo. De allí nació este post: “No puedes esperar que las demás tengan la misma madurez que tú has adquirido porque llevas AÑOS creciendo” No puedes exigir de otra santidad cuando no eres Dios. No puedes forzar el crecimiento y tampoco puedes imponer tu voluntad para que otras hagan lo que es correcto. Aunque eso sea lo correcto.
Marta tenía razón. María debió ayudarla. Pero María escogió la mejor parte. El problema no creo que radicase en el servicio en sí mismo, ya que quien está a gusto sirviendo no se preocupa por quien no lo hace. El problema es que Marta sintió que ella estaba haciendo lo correcto y María estaba disfrutando de SU servicio. Marta quería señalar que ella estaba BIEN y que su hermana estaba MAL. Ella quería tener la razón. ¿Lo que mas anhelaba ella? También estar sentada delante de Jesús. También deseaba escoger. Ella no escogió escuchar, decidió HACER. A veces nosotras mismas nos ponemos cargas difíciles y pesadas de llevar. Al ver la vida ligera de otra, tranquila y sencilla nos enojamos con Dios y reclamamos: NO ES JUSTO. Y le pedimos a Dios que las otras sean como nosotras. Quizás Marta ya le había dicho unas cuantas veces a María "Ven ayúdame" Somos mujeres hacemos eso. Lo mas seguro, María lo ignoró. Quizás pensó: "Le diré a Jesús para que la exhorte, no me escucha a mí pero tendrá que escucharlo a él"
Queremos decirle a Dios “DILE QUE CAMBIE” “DILE QUE ME AYUDE” Como quisiéramos que Dios nos diera la razón. Vamos con nuestras quejas y nuestras largas listas donde nosotras somos las buenas, las santas, las fieles y las demás no lo son. La respuesta, las que debemos cambiar somos nosotras.
Para mi aprender a ser una hermana mayor significa enseñar con paciencia aquellas que vienen tras de mí, recordando que en otras ocasiones he sido María y mujeres maravillosas me han amado con paciencia llevándome a conocer cada día más de Jesús. Dejando de un lado de la comparación y el fijarme en todo “aquello que deberían hacer y no hacen” “todo aquello que deberían ser y no son” “todo lo que esperaría y no se cumple”
La expectativa de Marta estaba rota, su hermana no estaba haciendo lo que se suponía. Aun cuando otras no hagan, ni sean lo que deberían ser ¿decidirás amar?
Hay cosas que suponemos y esperamos.
Suponemos que nuestras amigas nos correspondan en la misma manera que lo hacemos.
Suponemos que debemos ser cuidadas de ciertas formas y cuando no recibimos lo que esperamos, nos sentimos heridas.
Suponemos que “Las marías” deberían ser mas leales, mas atentas, mas serviciales, mas como nosotras las Martas.
Orgullo. Si, aceptarlo no es fácil. Jesús confronta nuestro orgullo al decir “Lo que María esta haciendo NO ESTA MAL, María está en su proceso. María no tiene porque complacerte a ti, tiene que complacerme a mi”
¿Qué se puede decir frente a esta respuesta? Silencio. Allí termina el capítulo. Fin de la discusión. María siguió escuchando y Marta siguió sirviendo.
Amo notar que capítulos mas tarde hay un énfasis precioso en Juan 12:2 dice “Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.”
Marta aprendió que su servicio y cuidado hacia los demás no estaba determinado por lo que María hiciese. Ella estaba allí, en su casa, donde Jesús había decido entrar, para servir. No para exigir. Entonces allí entendí, que Jesús vino a mi casa, al igual que a la casa de Marta y se hizo morada. ¿Mi propósito? Servir a su causa entendiendo que cuando los demás no cumplen mis expectativas, Jesús siempre las supera.
Y tú ¿eres Marta o María?
Con amor
Jilary con J
Gracias por leer.



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