top of page

REPARONAS


ree

Todas hemos estado en la situación de compararnos con alguien más. No conozco a la primera mujer que pueda admitir que no lo ha hecho. Compararnos tiene que ver con tener ojos, no podemos evitarlo. Hasta el corazón más sano, puede compararse y creo que puede ser saludable en términos de inspiración, en el darse cuenta que estás en un lugar pero tienes una meta para llegar a otro lugar.

Es inevitable comparar y además de eso imitar. Nos permite entender el mundo.

Por mucho tiempo hemos concebido la comparación como una palabra negativa, pero no necesariamente es así. Recuerdo cuando era una niña y por primera vez me di cuenta que mi cuerpo era distinto al de mis hermanos pequeños, mi mamá estaba bañando a uno de ellos y con una vocecita le dije “yo no tengo eso” mientras señalaba. Eso le mostró que efectivamente no éramos iguales, comparé lo que veía y le hizo comprender la diferencia.

La comparación nos provee de la aceptación de la diferencia, nos invita a saber que estamos en un lugar pero podemos estar en otro. Si comparo quién era hace un año atrás a hoy, no estoy ni cerca de ser la misma. Por la comparación entre elementos puedo identificar si he avanzado o retrocedido.

Así que, necesariamente compararnos no tiene que ser algo malo “puedo ver que una chica tiene una actitud que yo no tengo y decir “ yo no soy así, pero podría” ese nivel de comparación, es saludable. Nos lleva a crecer.

Ahora, una palabra muy diferente es ser reparonas. He tenido una cercanía a esta palabra por qué he batallado con ella. Desde muy pequeña mi mamá me decía “No seas reparona” pero sin quererlo muchas veces me veía midiendo cada grano en el plato de comida de mis hermanos 😂

El problema con “reparar” en su significado de medir cada detalle, que nos genera insatisfacción, ese que nos llena de celos. Al final, se vuelve una envidia enfermiza que carcome nuestro valor.


El que repara no se compara, esto excede el nivel de comparación, ya que no mira sus carencias con objetividad, sino que más bien siente profunda decepción por la bendición que otros puedan recibir. Mide el éxito del otro con lupa mientras piensa “no merece tanto”. Es como el pensamiento de “ esa chica no merece a ese hombre” es la que mira de abajo arriba a la otra y dice “ni está tan linda su ropa” aun cuando ella ya está vestida. Este sentimiento no es nuevo, Caín lo experimentó.


Al meditar en el pasaje, no paro de pensar en que Caín reparó la actitud que Dios tuvo hacía Abel, pero nunca se detuvo a pensar el porqué. Así mismo actuamos con envidia, al preguntarnos ¿por qué Dios la bendice a ella? Contamos sus bendiciones y nos preguntamos: ¿Por qué ella y no yo? ¿Ves el problema? Debería ser: Que alegría que ella sea bendecida. Ha sido fiel a Dios, yo también lo he sido, también seré bendecida. El problema está cuando no estamos haciendo las cosas correctamente. Nos genera una sensación de incomodidad, nos sentimos acusadas y permitimos que esa emoción nos esclavice, queremos la bendición sin el precio de la bendición.

La envidia nace de un corazón egoísta, que no está dispuesto a dar, pero quiere todo para sí mismo. Cuando era pequeña había un personaje de Tv que se llamaba Stingy (literalmente tacaño) Quería que todo fuese suyo, pero no deseaba dar nada. Caín quería la bendición de Dios sin el esfuerzo y la excelencia. De la misma forma, la mujer que desea el esposo de otra, sin vivir en pureza. La que anhela quitarle el trabajo a la otra, sin los estudios y el esfuerzo que ha implicado. La que desea el cuerpo de otra chica, sin la disciplina que ha tenido ella. ¿Comprendes lo que quiero decir? El problema con reparar es que no te estás dando cuenta de que cosas TU NO ESTAS HACIENDO. Antes de mirar a otra de arriba a abajo, recuerda: Tú también estás vestida.


Hay un pasaje de la biblia con el cual he tenido conflicto pasaje de los jornaleros. Está en Mateo capítulo 20, habla sobre unos jornaleros que fueron contratados muy temprano en la mañana y su amo conviene un pago con ellos, más tarde al pasar el día, el amo contrata a otros cuando ya se va acabando la jornada laboral. Los que fueron contratados primero tienen la expectativa de que recibirán su pago, pero no esperan recibir lo mismo que los que fueron contratados más tarde. Dicen:

Así que, al recibirlo, se pusieron a murmurar contra el amo - diciendo: “A estos que sólo han trabajado una hora, les pagas lo mismo que a nosotros, que hemos trabajado toda la jornada soportando el calor del día”.


El asunto acá es que ellos compararon su sueldo con el de los otros. ¿Habían recibido lo justo? Si ¿El amo les había dado lo que habían acordado? Si, ¿Cuál fue el problema? Ellos creían merecer más, aún cuando estaban recibiendo lo justo, en referencia a quienes llegaron después ¿El trato del amo fue injusto? Por mucho tiempo la respuesta de mi corazón fue si, me parecía injusto que recibieron lo mismo, ellos trabajaron más, por esa razón merecían más; pero ¿Qué hubiese pasado si nunca se hubiesen dado cuenta cuánto recibieron los otros? Quizás no se hubiesen molestado; el problema fue lo que vieron y repararon respecto a lo que ellos habían recibido, cuando la realidad fue que el amo quiso ser bueno y generoso.


Cuando recibimos de parte de Dios abundante generosidad, no tenemos problema alguno aun cuando sepamos que es más de lo que merecemos. Nos sentimos dichosas y plenas, pero cuando reparamos lo que recibimos frente a los demás, sentimos cierta insatisfacción en ocasiones. ¿Por qué? Porque tenemos un problema de ORGULLO. Creemos que MERECEMOS más. Las razones pueden ser muchas: Yo he servido a Dios así, yo he hecho esto, aquello, lo otro y lo de más allá. Al final hacer las cosas por reconocimiento es hacerlas con la motivación equivocada.


La mayoría de las veces la bendición que otros reciben revela lo que hay en nuestro corazón. ¿Siento gozo? ¿genuino? ¿Siento celos? ¿Siento que no se lo merece? Que bueno que Dios no se mueve por merecimientos humanos, solamente es extremadamente bueno y responde a su bondad. Nunca Dios dejará de ser bueno con otros porque nos incomoda. Aun esa bondad aplica para nosotras.

Así que si has batallado con esto te animo a que no lo dejes crecer:

Agradece lo que has recibido, pues seguramente Dios si te está dando más de lo que mereces.

Gózate por las bendiciones de otros, esto abrirá puertas a tus bendiciones.

¿Qué es lo que te incomoda de la bendición del otro? Dios es BUENO, cuando te molestas por que otro recibe tu problema no es con el OTRO es con Dios; y te aseguro que no querrás terminar como Caín.

Recuerda, siempre hay tiempo y ocasión para todos. Deja de mirar lo que otros tienen para auto compadecerte, úsalo como fuente de inspiración para seguir creciendo.


Quiero terminar diciendo DIOS ES BUENO, es bueno también contigo y si permaneces fiel y cerca de él, te darás cuenta que a veces somos los jornaleros que llegaron antes y a veces los que llegaron después.


Moraleja: Siempre vas a recibir de la bondad de Dios, permanece con el corazón correcto.


Con profunda ternura,

Jilary con J


ree


Comentarios


© 2025 por Entre Nosotras Project.

bottom of page